La Constitución de 1886 terminó con el federalismo, en otras
palabras, con la autonomía de las provincias, que pasaron a llamarse
departamentos, cuyas autoridades serían nombradas directamente por el
presidente. Dividió el poder político en ramas: Judicial, ejecutiva y
legislativa y además estableció el periodo presidencial por 6 años.
Reconoció además a la religión católica como la religión
única y oficial, porque trataría de disipar el conflicto político concediéndole
el control de la educación. Esta misma realizaba el currículo académico y
elegía el tipo de profesores de cada institución. Unifico las fuerzas armadas de cada departamento de un gran ejercito nacional.